niño y perroTodos sabemos lo que significa que un niño comience a dar sus primeros pasos: investigar, tocarlo todo, llevarse las cosas a la boca para morder, romperlas, que se pueda hacer daño al caerse, etc.; en definitiva una vigilancia constante por nuestra parte y, tener la casa “a prueba de niños”.

Cuando además convivimos con un animal de compañía, no debe haber ninguna diferencia en esto de vigilar. La regla de oro a la hora de evitar los problemas entre niños y mascotas es “la triple S”: SUPERVISIÓN + SUPERVISIÓN + SUPERVISIÓN. Cualquier contratiempo que pueda ocurrir nunca será culpa del perro o del niño, sino nuestra responsabilidad.

Una de los fallos más comunes y peligrosos que cometen los adultos responsables de la vigilancia de estas interacciones entre niños y animales, es que se le permita al niño acercarse al animal y dejarle hacer de todo (tirarse encima, cogerle las orejas o el rabo, darle golpes, etc.). Es frecuente que cuando un perro/gato deja que se haga este tipo de manipulaciones, se oigan comentarios como “¡Qué bueno que es el pobre! ¡Se deja hacer de todo!”. Pero, ¿alguien piensa que por muy bueno que sea, un día puede cansarse (totalmente normal) de aguantar ese comportamiento inadecuado del niño y morderle?

perro y  bebe

Nótese la mirada de evitación y orejas hacia atrás que muestran la incomodidad del perro en dicha situación.

Otro de los errores que se cometen es reñir al perro cuando gruñe o enseña los dientes si se le acerca el niño. En este caso, el perro se está comunicando, nos está diciendo que no le gusta que el niño le moleste. Si le regañamos por ello, puede acabar suprimiendo estos avisos y pasar directamente a la agresión final. En estos casos, lo más aconsejable es contactar con un profesional que pueda valorar el problema y darnos unas pautas para solventarlo.

También será una obligación como propietario aprender a reconocer el lenguaje corporal de nuestro animal de compañía, y saber identificar en qué momento el perro/gato se encuentra en una situación incómoda y conflictiva, y pide que le dejen tranquilo. Algunos ejemplos menos aparentes en perros son: ladear la cabeza, desviar la mirada, lamerse el hocico, bostezar, moverse despacio, etc. Lo ideal es que esto nunca llegue a ocurrir, pero si ocurriese, deberemos pedirle al niño que deje lo que está haciendo, y separarlo con tranquilidad.

La idea principal que hay que tener clara, es que hay que proteger al animal del niño (¡Sí, al PERRO/GATO!). Los adultos debemos evitar que el niño moleste al perro/gato, le agobie y/o le asuste. De esta manera el animal no tendrá ningún miedo, ni habrá ninguna asociación negativa ni problema, y conseguiremos con naturalidad que nuestra mascota se sienta segura y respete al niño.Gato-y-niño

Además, el peludo tendrá a disposición siempre una zona segura donde el niño no pueda acceder y pueda estar tranquilo siempre que quiera. Nunca forzaremos al animal a interaccionar con el niño, será él quien decida acercarse, y reforzaremos esta conducta siempre que la aproximación sea tranquila, con un buen estado emocional. No deberemos excitar al animal ni jugar de manera brusca con él en presencia del niño; éste tiene que asociarse con un estado de calma y tranquilidad. En ocasiones puede ser necesario ponerle al niño una pulserita con un cascabel para que el perro/gato pueda saber en todo momento si éste se aproxima a él, y reducir así el estado de ansiedad y miedo a que le atosigue.

Por supuesto, nuestra tarea como padres será la de educar a nuestro hijo, y enseñarle a respetar  y comprender a los animales, y no a “dominarles” o estar por encima de ellos, así como no invadir su espacio ni estorbarles en situaciones de riesgo, como cuando está descansando o comiendo, tiene juguetes, etc.

Si seguís todos estos consejos, no debería haber ningún disgusto. Pero ante cualquier duda será mejor prevenir y consultar con un profesional.