El bozal es una herramienta de la que podemos requerir en diversas circunstancias. Desde el cumplimiento legal en razas potencialmente peligrosas por ejemplo, a la necesidad de utilizarlo como prevención en ciertos momentos en los que nuestro perro pueda reaccionar para defenderse. Sea cuál sea el motivo, el bozal NUNCA debería ser percibido por el perro como algo negativo.

Actualmente, la mayoría de la gente utiliza el bozal de manera esporádica cuando visitan al veterinario, y habitualmente sólo lo hacen en aquellos perros en los que ya se ha visto reacciones agresivas anteriormente. También lo emplean como castigo, y para evitar destrozos o que cojan cosas del suelo. Sin embargo, esta manera de proceder no es la correcta, y es por ello que decidí escribir este artículo.

¡Es necesario un cambio! Hay que partir del pensamiento de que cualquier perro, por bueno que sea, puede verse obligado a llevar bozal en algún momento de su vida, y por lo tanto, sería conveniente habituarlo desde cachorro a su uso.

En el mercado existen varios modelos de bozales, pero ¿cuál es el adecuado para nuestro perro?

Bozal de nylon

Bozal de nylon

El bozal tiene una connotación negativa en la sociedad. Cuando vemos un perro con bozal, rápidamente lo relacionamos con un animal peligroso. Probablemente es por esto que muchos  propietarios optan por el bozal de nylon, que quizá sea más discreto y estético. Pero, ¿importa esto más que la comodidad y bienestar de nuestro perro? Los bozales de nylon limitan la apertura de la boca, impidiendo al animal beber agua y jadear. Esto dificulta su capacidad de refrigeración, por lo que puede incrementar considerablemente la temperatura corporal, aumentando el riesgo de sufrir un golpe de calor, sobre todo en verano o con ejercicio intenso.

Bozal de cesta

Bozal de cesta

Los bozales más recomendables son los de cesta o rejilla. Los hay de plástico o, de cuero y metal. Este tipo de bozal permite que el perro jadee, beba, incluso coma y, siga sus pautas de comportamiento normal sin provocarle un estrés innecesario. Además, son muy útiles en procesos de modificación de conducta, ya que ofrecen la posibilidad de poder premiarle. Asimismo, este tipo de bozal más aparatoso puede persuadir a la gente de acercarse a nuestro perro, lo que puede ser una ventaja en el tratamiento de perros que reaccionan frente a personas. Evitaremos los diseños que llevan el frontal casi cerrado, aunque pueden ser útiles para impedir que el perro coma cosas del suelo. Actualmente, está adquiriendo mucho renombre el bozal Baskerville, de material plástico suave pero muy resistente y confortable para nuestro amigo.

Bozal Baskerville

Bozal Baskerville

Bozal de cuero y metal

Bozal de cuero y metal

Una vez escogido el bozal adecuado, ¿cómo debemos acostumbrar al perro para que tolere el bozal sin estrés? La idea básica es que el perro asocie el bozal con una experiencia positiva. Para ello utilizaremos premios principalmente, pero también emplearemos la voz para felicitarle. Todo el proceso se realizará de manera progresiva y gradualmente.

Empezaremos poniendo un premio en el fondo del bozal, de forma que para conseguirlo tenga que introducir el morro completamente y, le permitiremos que lo saque una vez lo haya cogido. Esto lo repetiremos varias veces durante un par de días.

El siguiente paso difiere en que el premio quedará por fuera del bozal, de modo que el perro tendrá que insistir un poco más para conseguirla. En algunos bozales habrá que retirar la plancha frontal para que el agujero por donde se introduce el premio quede libre. En este segundo paso ya estamos trabajando el tiempo que el perro mantiene el hocico dentro de el bozal. Este ejercicio se repetirá igualmente varias veces durante un par de días.

El tercer paso será atar el bozal durante unos pocos segundos y soltarlo posteriormente, ofreciendo siempre premios durante el tiempo que el perro tiene el bozal puesto. En este punto puede ser mejor si colaboran dos personas, la que premia al perro y la que ata el bozal. A partir de aquí, habrá que ir aumentando de manera progresiva el tiempo que el animal lleve el bozal puesto, así como el tiempo entre premio y premio. Una vez consigamos que el perro lleve el bozal aproximadamente durante media hora, lo ideal es ponérselo en distintos momentos del día y en diferentes partes de la casa o en la calle, para que el perro generalice y no lo asocie con situaciones, momentos y personas concretas. No debemos olvidar bajar el nivel de exigencia y premiarle nuevamente de manera más frecuente cuando cambiemos el contexto.

Estas pautas son muy útiles para perros que nunca han tenido una experiencia negativa con el bozal. En el caso de perros para los que el bozal es algo negativo (porque se ha utilizado como castigo o sólo en la visita al veterinario, y lo evitan cuando ven el bozal) puede ser necesario seguir otro tipo de estrategia, por ejemplo, la utilización del clicker.

Aquí os dejo un ejemplo de la mano de un excelente profesional, Pablo Hernández.