El pequeño ya ha llegado y, ahora viene lo realmente preocupante para los padres, ¿cómo introducimos al bebé? ¿Dejamos a nuestro “peludo” que se acerque?

Si nuestro perro/gato tiene alguna conducta problemática, habremos contactado ya con un buen profesional que nos habrá dado unas pautas a seguir. Si, por el contrario, tenemos un animal bien educado, socializado y sin ningún problema de comportamiento, debemos estar tranquilos y actuar con naturalidad desde el principio. No podemos ir con miedos e impedir que el animal muestre curiosidad hacia el nuevo miembro de la familia  y desplazarlo, ¡es un error! Debe seguir siendo parte de la familia como hasta el momento. Es normal que necesite un tiempo para acostumbrarse al nuevo ritmo de vida, pero no tiene porque existir ningún contratiempo.perro-bebe

La madre y el bebé habrán estado unos días en el hospital. En el caso de los perros, ya se sabe que pueden ser muy efusivos en su saludo. El can llevará todo ese tiempo sin ver a su dueña, y por lo tanto tendrá muchas ganas de recibirla. Lo mejor es que el padre espere fuera con el niño, mientras que la madre sea la primera en entrar en casa y saludar al perro. Cuando éste se haya calmado, la mamá podrá salir a coger el niño. Podrán entrar entonces todos juntos en casa, el papá delante para también ser recibido por el animal. También podemos optar por dejarlo estos días en casa de algún familiar si está acostumbrado, e ir a recogerlo y dar un paseo antes de ir a casa dónde esperará el nuevo miembro de la familia para ser presentado.

No hay que negarle el primer reconocimiento del niño, este primer momento tiene que ser algo bueno y positivo, incluso podemos reforzar la presencia del niño con premios y elogios. Pero tampoco debemos forzar nunca al perro/gato, debe ser decisión suya acercarse al bebé.

Otro punto importante que angustia a los padres es cómo actuar ante el primer llanto del bebé. ¡No nos pongamos nerviosos! Observemos bien cómo se comporta nuestra mascota cuando lo escucha llorar por primera vez. Es normal que se extrañe o inquiete en un primer momento y que muestre interés, pero hay que poner atención si el sonido desencadena alguna conducta de excitación y nerviosismo exagerada que pueda afectar la seguridad del bebé. Deberemos contactar con un profesional para que valore la situación.gatos-con-bebe

Es muy común que a la llegada del niño a casa, los propietarios únicamente presten atención al animal cuando el bebé está durmiendo, por lo que la presencia del niño significa que le ignoren. Además, si a esto le añadimos cualquier tipo de castigo en presencia del bebé, se podrían producir asociaciones incorrectas y, convertirse el niño en algo negativo desde la percepción del animal. En resumen, nunca utilizaremos el castigo, y siempre favoreceremos las interacciones positivas con el animal cuando esté presente el niño.

Durante el primer año no debería haber ningún conflicto. El niño estará la mayor parte del tiempo en su cuna, el carro o en brazos, y el “peludo” se habrá acostumbrado al nuevo miembro de la familia. Será cuando el niño comience a gatear y moverse libremente cuando tendremos que poner más atención para no perder todo lo conseguido hasta el momento. Una mala experiencia con el niño (por ejemplo: que éste le moleste mientras está durmiendo), puede romper todas las buenas asociaciones positivas, y desencadenar conductas de miedo y/o signos de agresividad en el animal que suponen un peligro para el niño.