Este es un problema muy frecuente que se conoce como falta de tolerancia a la manipulación. La descripción típica que dan los propietarios es que el gato pide caricias, y cuando llevan un par, te muerde o araña y se va corriendo; luego puede pararse y empezar a lamerse.

Podría haber varias explicaciones por las que se produzca este problema:

  • Debido al carácter independiente del gato, no toleran un exceso de manipulación. Sobre todo gatos destetados precozmente y emocionalmente inestables (utilizan mucho la boca, tienen poca tolerancia a la frustración, juegan mal y de manera brusca, etc.)
  • Un intento del gato por querer controlar todo lo que sucede a su alrededor, incluso cuando quiere recibir caricias y cuando no.
  • Por una hipersensibilidad cutánea.

Sea cual sea la razón por la que esto ocurra, se debe limitar las interacciones con estos gatos: únicamente cuando ellos las pidan, y muy cortas (si sabes que a la tercera caricia te va a morder, hazlo solo dos veces.) De manera paralela se pueden realizar sesiones de desensibilización y contracondicionamiento para que el gato pueda ir tolerando las caricias poco a poco.

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Los gatos son animales muy apegados a su territorio y, tienen la necesidad de marcarlo y hacerlo suyo impregnando su olor en muebles, personas e incluso otros animales. Por naturaleza, pretenden sortear otros individuos en su territorio para evitar conflictos dejando marcas olfativas y visuales. Existen tres formas de marcaje:

  • Marcaje facial: cuando nuestros gatos frotan las mejillas contra nosotros o los muebles de la casa, están dejando su olor mediante unas sustancias químicas denominadas feromonas.
  • Rascado: además de desgastar las uñas y estirar la musculatura, en el rascado también se depositan feromonas (señal olfativa). Este tipo de marcaje, totalmente normal, resulta molesto para los propietarios, ya que estropea y deteriora aquellos objetos sobre los que se realiza (señal visual).
  • Marcaje con orina: puede haber diferentes motivaciones por las que un gato marque el territorio con orina. También es muy molesto para el propietario.

Una vez comprendamos que este comportamiento de arañar los muebles es normal para la especie, podemos tratar el problema proporcionándole al gato rascadores de su agrado: estables, que no se mueva; suficientemente alto (mínimo de 30cm); el tejido de la fibra preferiblemente vertical; material según la preferencia del gato (madera, esparto, cartón, etc.). Colocaremos varios, cerca de la zona de descanso y delante de las zonas donde marca para poder desplazar poco a poco ese comportamiento hacia el rascador. Además, habrá que impedir el acceso del gato al lugar donde no queremos que marque o, cubrirlo con algún material como plástico o aluminio que sea desagradable para el animal. También podemos rociar la zona con Feliway.

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Lo primero es descartar cualquier causa orgánica (por ejemplo: una infección de orina o, artrosis en gatos viejos). Una vez hecho esto, valoraremos diferentes conductas molestas:

  • Aversión a la bandeja: muchos gatos no quieren usar la bandeja porque no les gusta la forma de esta o, el tipo de arena o, que puede que esté muy sucia o, puede que esté situada en un sitio de difícil acceso o muy ruidoso. También en ocasiones influyen los conflictos con otros gatos que no les dejan acceder a la bandeja y, puede ser el problema.
  • Marcaje sexual: una conducta totalmente normal, frecuente en gatos no castrados, sobre todo en épocas de celo.
  • Marcaje territorial: los gatos marcan su territorio de diferentes maneras (marcaje facial, rascado, y con orina), para comunicarse con sus congéneres e impedir que extraños accedan a él y así evitar conflictos.
  • Marcaje por estrés: este tipo de marcaje aparece tanto en hembras como en machos, castrados o no. Los gatos son muy sensibles a los cambios, y los mecanismos de estrés enseguida se activan. Entre los signos más habituales podemos encontrar marcajes (con orina y uñas) diseminadas por toda la casa de manera irregular, reacciones de agresividad, exceso de acicalamiento, disminución de la actividad, etc.

Tendremos que identificar el motivo por el que nuestro gato está orinando fuera de la bandeja para poder aplicar un tratamiento eficaz.

LA BANDEJA IDEAL

  • Deberíamos tener como mínimo tantas bandejas como gatos tengamos, aunque siempre se aconseja el número de gatos + 1.
  • Estar colocada en lugares tranquilos y de fácil acceso donde el gato se sienta cómodo.
  • Utilizar bandejas descubiertas, de borde bajo y de tamaño suficiente.
  • Arena no perfumada, aglomerante y en cantidad suficiente.

Realizar una limpieza diaria eliminando los restos, y sustituir la arena semanalmente (limpieza con lejía).

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La mayoría de la gente contestaría que el perro es muy dominante. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con la utilización de este concepto, pues en la actualidad ciertos shows televisivos reducen todo comportamiento agresivo a la dominancia, y no siempre es así. (“He visto casos en los que se suponía que el perro era dominante, y lo que le ocurría es que le tenía miedo al propietario”).

Centrando el tema, un perro luchará por un recurso (el sofá o un juguete) según el valor que tenga dicho recurso para él (cada perro es diferente). Denominaremos a este tipo de agresividad competitiva. Dependiendo del tipo de recurso (pienso o un hueso), la disponibilidad del mismo (pienso disponible diariamente o comida casera cuando hay sobras), y la competencia con otros individuos (un sitio en un sillón para 3 perros), el recurso adquirirá mayor o menor valor.

También influye el manejo por parte del dueño. Muchas veces ocurre que el propietario es inconstante, unas veces deja al perro subir al sofá y otras no. De esta manera, el animal se acaba confundiendo y, teniendo una expectativa de poder subir al sofá, esta no se cumple, porque hoy su dueño ha decidido que no puede descansar en el sofá. Esto provoca en el animal un estado de frustración que propicia la aparición de un episodio de agresividad.

Este tipo de comportamiento se puede corregir con modificación de conducta y obediencia básica.

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Es muy típico, sobre todo debido a los mensajes que transmiten ciertos programas de televisión, que se relacionen todas las reacciones de agresividad con la dominancia. Es cierto que existe este tipo de agresividad, pero está sobrediagnosticada y, hay otras mucho más frecuentes. Algunas de ellas son:

  • La agresividad por miedo o defensiva, que puede deberse a una socialización deficiente en la que el perro no haya tenido contacto con otros congéneres o, por una experiencia traumática con otro perro (un ataque por ejemplo).
  • Agresividad intrasexual: propia de machos no castrados que únicamente muestran agresividad hacia miembros de su mismo sexo, y no hacia hembras.
  • Agresividad territorial: muchos perros protegen su territorio, y pueden hacerlo tanto frente a perros como a personas.
  • Agresividad por protección de recursos: en ocasiones se producen disputas entre perros en el parque motivadas por una pelota. Es importante evitar este tipo de conflictos (que hayan más pelotas que perros, o que no haya pelotas).

Será necesario valorar los contextos y la postura corporal del perro en los que aparecen estos episodios de agresividad, para poder diagnosticar correctamente el problema y adaptar el mejor tratamiento posible.

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Existen diferentes tipos de ladrido según el contexto en el que aparezca, quién o qué lo origine, la motivación que tenga el perro, la postura y comportamiento del animal, etc. Algunos ejemplos son:

  • Ladrido de alarma-territorial: es aquel cuyo objetivo es expulsar al intruso que se aproxima al territorio, alertar al grupo y pedir ayuda. Puede aparecer tanto en presencia como en ausencia del dueño.
  • Vocalización debido a la ansiedad por separación: aparece cuando el perro se queda solo en casa, y pretende conseguir que el propietario regrese. Supone un problema para el vecindario, pero no es menos importante la situación de ansiedad que sufre el animal cuando se separa de su dueño. ¡Hay que tratar de inmediato esto casos!
  • Vocalización instrumental: se da cuando el animal quiere conseguir la atención u otro favor. El perro mira fijamente al propietario mientras se mueve de un lado a otro y ladra.
  • Vocalización compulsiva: suele ser una vocalización muy rítmica y sin objetivo aparente.
  • Otros: vocalización por miedo, por juego, y por excitación.

Es necesario identificar la fuente que origina el ladrido y así conocer ante qué tipo de ladrido nos encontramos. Dependiendo de esto, el pronóstico será mejor o peor.

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La primera pregunta que deberíamos hacer es si el perro lo hace únicamente cuando se queda solo o también en nuestra presencia.

  • Si lo hace solamente en ausencia del dueño, podría tratarse de ansiedad por separación, un problema bastante frecuente que afecta muy negativamente al bienestar del animal y, que debería tratarse cuanto antes mediante modificación de conducta y, dependiendo del caso, con fármacos. También podría ser que el perro hubiese aprendido a “jugar y liberar energía” cuando el propietario se va de casa, ya que en su presencia éste le castiga.
  • En el caso de que lo haga tanto delante del dueño como en su ausencia, generalmente se debe a una falta de ejercicio y estimulación (falta de contacto con personas y con otros perros, falta de juego, etc.). Sería conveniente aumentar la duración de los paseos, hacer más actividades con él, introducir enriquecimiento ambiental con juguetes interactivos, etc.
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Pueden ser muchas las causas por las que un perro no realice la totalidad de sus necesidades en la calle. La recogida de la historia clínica nos ayudará a encaminar nuestro diagnóstico hacia una u otra causa. De manera general, siempre habría que descartar cualquier patología orgánica (por ejemplo: una infección de orina o un uréter ectópico). Entre las causas comportamentales se encuentran:

  • Un incompleto control de los esfínteres: a los cachorros no se le puede exigir un total control de las eliminaciones hasta los 5-6 meses de edad.
  • Un mal aprendizaje de las pautas de eliminación: en muchas ocasiones los propietarios desconocen cómo enseñar correctamente al cachorro a hacer sus necesidades fuera de casa. En otras, mezclan diferentes técnicas y opiniones que únicamente confunden al perro y entorpecen el aprendizaje. Y también puede darse el caso de adquirir al perro de manera tardía, procedente de una tienda o criadero en el que ha estado durmiendo, comiendo y haciendo sus necesidades, todo en el mismo espacio, y no le han dado la oportunidad de hacerlo bien.
  • Marcaje: es un comportamiento totalmente normal. Es bastante frecuente en machos no castrados.
  • Ansiedad por separación: entre otros síntomas, que encontremos orina y/o heces al llegar a casa, puede significar que el animal padezca ansiedad al quedarse solo. En este estado de pánico, el perro pierde el control de los esfínteres.

Una vez que averigüemos la razón por la cual nuestro perro no realiza correctamente las pautas de eliminación, podremos adaptar un tratamiento adecuado para cada caso.

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En la actualidad, lo más frecuente es que la gente conozca la figura del adiestrador y el educador canino, pero aún son muy pocos los que saben qué es un etólogo.

El etólogo es el veterinario especialista que se encarga de prevenir, diagnosticar y tratar las conductas problemáticas de los animales domésticos.

Por otra parte, hay que diferenciar entre el adiestrador y el educador canino. El primero de ellos es la figura clásica, aquella que durante años se ha dedicado a amaestrar a los animales enseñándoles órdenes, única y exclusivamente. El educador canino, por su parte, nació como alternativa para dar respuesta a las nuevas investigaciones y cambios en las necesidades de la sociedad.

Cada vez más personas disfrutan de su mascota como un miembro más de la familia. No son simples máquinas que hay que programar, sino que son animales con sentimientos, capaces de crear fuertes vínculos emocionales y sociales con los seres humanos. Como consecuencia de ello, el resultado final es la aparición de profesionales que pretenden comprender primero al animal para así poder educarlo, enseñarlo y dirigirlo correctamente y, con respeto. Por supuesto, también es su labor formar al propietario para que sea capaz de entender y comunicarse con su compañero, y de esta manera gozar ambos de una convivencia positiva basada en la confianza mutua.

En resumen, todo animal doméstico que presente una alteración de la conducta debería ser valorado en primer lugar por un especialista veterinario, pues en ocasiones ese comportamiento problemático puede tener un origen orgánico. Una vez realizado un diagnóstico definitivo por parte del facultativo, éste elaborará un tratamiento completo en el que se puede requerir de la colaboración de un educador canino para aplicar la modificación de conducta.

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