¿Quieres que tu perro te obedezca o deje de comportarse mal porque quiere, o porque tenga miedo de las consecuencias si no lo hace?

Si la opción que has elegido es la primera, entonces estás interesado en la educación en positivo.

Los estudios científicos han demostrado que la utilización del refuerzo positivo es la forma más efectiva, duradera, humanitaria y segura de educar a los animales. Y, ¿en qué consiste? Si recompensas a tu “peludo” cuando te obedece, o cuando realiza una acción o comportamiento que te gusta, entonces este comportamiento es más probable que se repita. Los comportamientos indeseados los ignoraremos, y los sustituiremos por otros más adecuados que no nos incomoden.

Construir desde el inicio el comportamiento de nuestro perro es mucho más sencillo que modificar un mal comportamiento. Por eso, siempre digo que hay que hacer un cambio de mentalidad. Prestemos atención a lo que queremos que nuestro perro haga bien, en vez de estar pendientes de castigar lo que no nos gusta que haga. Enseñémosle la conducta que nos complace y reforcémosla. No hay nada de malo en decirle “¡Muy bien!” y, felicitarle y premiarle a todas horas. Si no le decimos lo que nos agrada, nunca lo va a saber. Cuando lo aprenda ya dejaremos de premiarlo constantemente, y únicamente se lo recordaremos de vez en cuando.

Mucha gente cree que educar en positivo significa estar dando salchichas todo el día, y permitir que el perro haga lo que le dé la gana. ¡Ni mucho menos! Trasladémoslo al mundo humano. En el mundo laboral, tú serías el perro (el trabajador). ¿Por qué vas a trabajar? ¿Por placer y admiración a tu jefe? O, ¿por qué te pagan y estas  agusto en la empresa y te tratan bien?

Por otro lado, aún multitud de personas (debido a la divulgación en programas televisivos), siguen basando todo en que el perro te quiere dominar, ¡eso no es cierto! Somos especies distintas, y por lo tanto nuestra comunicación es distinta. Tenemos que aprender a interpretar el lenguaje corporal de nuestros fieles compañeros para comprender como se sienten en cada momento, identificar el porqué y saber cómo tenemos que actuar. Como especie más avanzada, somos nosotros los que debemos aprender a comunicarnos con nuestro amigo de 4 patas, en vez de esperar a que él nos hable en nuestro idioma. No es una buena idea intentar comportarte como un perro dándole toquecitos con la mano a modo de mordisco, o plantarte delante de él como un bloque impidiéndole que avance. ¡Seguramente el perro no entenderá qué es lo que pretendes! Ellos también son capaces de interpretar nuestro lenguaje corporal, solo hay que ser claros y consistentes, acabarán por aprender qué les queremos decir siendo lo que somos, humanos. Si empatizas con él y te pones en su lugar conociendo realmente de qué manera percibe el mundo a su alrededor, llegarás a construir un fuerte vínculo con él, y encontrar soluciones positivas y efectivas para cualquier problema de comportamiento será mucho más fácil.

Por supuesto, el uso de la intimidación y el castigo físico quedan totalmente prohibidos. Los estudios científicos han demostrado que las técnicas de adiestramiento con castigo no solo no funcionan a largo plazo, sino que además exacerba las respuestas de miedo y de agresividad. Además en la mayoría de los casos los castigo se aplican de manera incorrecta, y lo único que se consigue es dañar la relación con tu compañero.

En resumen, el uso de técnicas positivas se basa en la comprensión y la buena comunicación. Saber motivar la perro/gato, ser consistente y paciente, y así conseguir fortalecer la relación fomentando la confianza mutua y aumentar el disfrute del perro de la interacción social, proporcionando afecto y cooperando con tu “peludo”.

Con la educación en positivo conseguimos perros más tolerantes, con autocontrol y confianza, y con comportamientos mucho más predecibles en diferentes situaciones.

Las relaciones más fuertes se basan en la cooperación y la bondad, y no en la dominancia y la sumisión. Si el perro se siente bien contigo será más feliz, confiado, más educado y estará dispuesto a obedecerte cuando le pidas algo.