Los expertos en comportamiento parecen estar de acuerdo en fijar la edad óptima de adopción entre las 7-8 semanas de vida, aproximadamente a mitad del periodo sensible de socialización.

Esta etapa, que se extiende desde las 3 semanas de edad a los 3 meses, es importantísima y marcará el carácter del animal en el futuro. Por ello, hemos de asegurar que durante este tiempo nuestro cachorro tenga experiencias positivas con otros perros, humanos y estímulos novedosos, a fin de evitar problemas de comportamiento en el futuro.

Es un error adquirir un perro antes de las 7 semanas, pues es fundamental que las crías permanezcan con la madre y sus hermanos durante la primera fase de este periodo para que aprendan a comunicarse con su congéneres y a respetar los límites impuestos por la madre. Ante un destete precoz (la cría es separada de la madre cuando todavía está lactando), existe una mayor predisposición a padecer ciertas alteraciones de conducta en el futuro, como por ejemplo: agresividad y/o miedo hacia otros perros, alteraciones en las pautas de conducta social, una baja tolerancia a la frustración, ansiedad por separación, falta de inhibición en la mordida, hiperactividad, etc.

Sin embargo, tampoco es buena idea que pasen la totalidad del periodo de socialización únicamente con individuos de su misma especie. Es necesario que tengan contacto con toda clase de personas (niños, adultos, ancianos), incluso con otras especies, sobre todo si va a convivir con ellas (gatos, ovejas, gallinas, conejos, etc.). Además, tendremos que exponerlos a los objetos del día a día como pueden ser la escoba, el secador, un cepillo, el aspirador, un paraguas, el carro de la compra, etc. También a ruidos cotidianos como el tráfico o tormentas, por ejemplo. De esta manera, de las 8 a las 12 semanas, estaremos habituando al cachorro al ambiente en el que va vivir en el futuro, previniendo problemas de socialización con personas, miedo a estímulos ambientales, dificultad para adaptarse a ambientes nuevos, etc.

Esto sería lo ideal pero, ¿ante qué nos encontramos en la realidad? Actualmente es muy habitual que lleguen a los refugios de animales cachorros neonatos indeseados de solo unas horas o días que los tiran a contenedores o en una cuneta esperando que mueran, y que alguien acaba rescatando. ¿Qué pasa entonces con estos cachorros que han de ser alimentados de manera artificial? ¿No los adoptamos?

Es cierto que las enseñanzas que puedan recibir de su madre o hermanos nunca se las vamos a poder proporcionar de un modo idéntico, pero sí podemos imitarlas de una manera aproximada. Es aconsejable que al menos puedan permanecer con sus hermanos durante la crianza, o que puedan tener contacto con otros perros sanitariamente controlados y sin ningún problema de comportamiento. Además, si para cualquier cachorro ya es importante el periodo de socialización, para estos lo será aún más.

Una herramienta muy útil son las clases de socialización de cachorros. En ellas los perritos son expuestos de manera controlada a todos aquellos estímulos que van a aparecer durante su vida. Así, nos aseguramos que todo contacto con perros, personas y objetos novedosos se haga de forma positiva para el perro. Con ello estaremos ayudando a preparar un animal seguro de sí mismo, capaz de adaptarse a multitud de situaciones y, esto, nos facilitará la convivencia.